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LAS RELACIONES ENTRE LA CASA BLANCA Y LA DINASTIA SAUDITA 2 de Septiembre de 2002 SUMARIO Las relaciones diplomáticas entre la monarquía Saudita y Washington atraviesan por una difícil situación como producto de la negativa de la casa real de apoyar una eventual intervención militar de los Estados Unidos contra Irak. Este hecho ha motivado que determinados sectores conservadores de Estados Unidos aleguen que Arabia Saudita debe ser considerado como un adversario. ANALISIS Desde los atentados terrorista del 11 de septiembre las relaciones entre el reino de Arabia Saudita y los Estados Unidos se encuentran en su punto más bajo y esta realidad amenaza con socavar los vínculos estratégicos que ha unido a ambas naciones por décadas. Este distanciamiento se debe en parte a la política exterior de la administración Bush que ha tratado por todos los medios posibles de lograr el apoyo diplomático y logístico militar de la casa real saudita en la próxima operación militar contra el gobierno de Saddam Hussein. Por su parte los rectores de la diplomacia saudita consideran que una intervención militar contra Irak, sumará un nuevo factor de inestabilidad a la región y podría atentar contra la seguridad y estabilidad de la monarquía Saudita que enfrenta una creciente oposición interna de los grupos fundamentalistas islámicos que consideran el gobierno de Saud Fahd como corrupto y un instrumento de la política de Washington en la región. Tampoco ha contribuido a mantener las buenas relaciones entre ambas naciones el informe presentado el 10 de junio por la corporación Rand que asesora al Pentágono. Este informe que fue entregado a la Junta de Defensa, cataloga a Arabia Saudita como un país que apoya a los enemigos de los Estados Unidos y ataca a sus aliados, refiriéndose al caso concreto de Israel. El documento también recomienda como plan de contingencia que si Arabia Saudita se rehusa a cooperar con la Casa Blanca, se deben tomar acciones contra sus campos petroleros y limitar los recursos financieros de este país. Si bien es cierto que este informe no representa la posición oficial estadounidense en este momento, tampoco podemos olvidar que las opiniones de esta empresa y otras similares que hacen investigaciones de carácter estratégico, son tomadas en cuenta por los planificadores nacionales al momento de diseñar la política exterior del ejecutivo. La difusión de este documento ha motivado airadas reacciones dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores saudita que tuvieron que ser apaciguadas por el secretario de Estado Colin Powell, quien asevero que la administración Bush no ve a Arabia Saudita como un enemigo y la sigue considerando como un aliado. Otro incidente que ha contribuido a resquebrajar las relaciones diplomáticas de ambas naciones, fue la demanda judicial interpuesta por un grupo de setecientos familiares de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre. Demanda que asciende a mil millones de dólares. La acción judicial ha sido interpuesta contra diversas personas y organizaciones vinculadas a la casa real saudita, incluyendo tres príncipes entre los cuales se encuentra el ministro de relaciones exteriores, Saud al Faysal. Según los demandantes, estas personas son los presuntos cómplices de los atentados terroristas del 11-S porque financiaron las operaciones ejecutadas contra el Pentágono y el World Trade Center. La principal consecuencia hasta el momento, ha sido que entre cien mil a trescientos mil millones de petrodólares hayan sido retirados del sistema financiero estadounidense en los últimos días como parte de los sucesos que ha minado las relaciones entre la Casa Blanca y Riad. Por otro lado, la percepción de los sectores de la derecha ultra conservadora estadounidense es que la monarquía wahabi es uno de los focos de inestabilidad de la región y que representa una amenaza para los intereses geopolíticos estadounidenses en la región. Esta tesis es motivada en parte por el hecho de que en su gran mayoría los secuestradores aéreos del 11-S eran de origen saudita, incluyendo al supuesto instigador, Ossama Bin Ladeen. Según informes de inteligencia ellos son el producto de las escuelas de teología musulmanas wahabí que son apoyadas y financiadas por la monarquía real saudita que pretende exportar su visión islámica ortodoxa, al resto del mundo musulmán, con apoyo financiero a movimientos wahabistas en Asia Central como fue el caso de los Taliban en Afganistan. Somos del criterio que en la presente coyuntura las relaciones entre las dos naciones seguirán deteriorándose paulatinamente, a menos que el gobierno saudita no modifique su postura en contra de una posible intervención militar contra Irak y apoye en forma mas decidida la guerra contra el terrorismo. Según nuestros analistas Riad se opone a que Saddam Husseim sea derrocado porque este hecho permitirá que se instaure un gobierno mas acorde con los lineamientos de la administración Bush, reduciendo el peso estratégico de Arabia Saudita en la zona. En el aspecto económico-financiero el gobierno que logre reemplazar el actual régimen de Irak, se convertirá en un serio competidor para Arabia Saudita en la exportación de petróleo, exportaciones que hoy se encuentra limitadas por las sanciones que la ONU impuso luego de la invasión a Kuwait en 1991. Si esta hipótesis se concreta la monarquía saudita puede perder su principal arma estratégica, representada por el petróleo. PROGNOSIS Las relaciones entre Arabia Saudita y los Estados Unidos continuarán en su actual situación en la medida que la casa real de la dinastía Saud siga oponiéndose a una intervención militar contra Irak. La actual coyuntura puede variar en la medida que los Estados Unidos logre el consenso necesario de sus aliados en Europa y Medio Oriente para implementar su operación militar contra Saddam Husseim. Si esto ocurriera el gobierno saudita no tendría otra opción que sumarse a los esfuerzos de la Casa Blanca, aunque tal decisión a mediano plazo afecte los propios intereses del principal exportador de petróleo del Medio Oriente.
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