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EVALUACION DE INTELIGENCIA SOBRE LA PROXIMA CAMPAÑA MILITAR CONTRA IRAK

2 de Julio de 2002

SUMARIO

Todo parece indicar que los Estados Unidos ha iniciado los preparativos para realizar una acción militar contra Irak. Según el diario libanés AS Safir el Pentágono ha enviado al norte de Irak una fuerza de unos 2 mil soldados que han establecido su base principal en Jordania. Si este informe se llegara a corroborar, significaría el primer paso de los Estados Unidos para derrocar al régimen del presidente Saddam Hussein, al que acusan de ser una amenaza y de formar parte de un eje del mal, junto a Irán y Corea del Norte.

ANALISIS

El régimen de Saddam Hussein ha sido acusado por la administración Bush en reiteradas ocasiones de ser una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos y para la región del Medio Oriente. Lo anterior ha promovido que los sectores más radicales que dirigen la política exterior de la Casa Blanca denominados los "Halcones" hayan propuesto el derrocamiento del gobierno de Bagdad. En este sentido, según la información que hemos recopilado hemos encontrado indicios de que estos planes estarían en marcha con la intención de promover la salida del controvertido presidente.

El primer indicio tendiente a ejecutar una acción directa contra Bagdad, está representado por los poderes que la Casa Blanca otorgó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para realizar operaciones encubiertas de bajo perfil en territorio iraqui con el propósito de utilizar unidades de las Fuerzas Especiales con la intención de capturar al líder iraqui o inclusive asesinarlo, si el mismo se resiste a la captura. La otra parte de las misiones asignadas a este organismo, sería la recolección de información con valor de inteligencia dentro de los círculos de poder del gobierno, ejército y los servicios secretos de Irak con el objetivo de obtener datos que sirvan de base para la planeación de la próxima campaña militar contra ese país. Esta información ha sido confirmada por el senador del partido demócrata, Dick Gephardt.

Dentro de esta primera fase también se designó a la CIA para que establezca los contactos necesarios con los grupos opositores y brindarles mayor asistencia con recursos económicos, armas, entrenamiento e información. En este sentido, por la información a que hemos tenido acceso, la figura central de estos contactos por parte de la Administración Bush es el general retirado Wayne A. Downing, viceconsejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca para la lucha antiterrorista. Según se publicó en mayo en diversos diarios internacionales el ex general Downing se reunió en Alemania con un alto oficial de la CIA y tuvo un encuentro secreto con Massud Barzani y Jalal Talabani, dirigentes de los dos principales partidos kurdos del norte de Irak y aliados de EEUU tras la Guerra del Golfo de 1991.Según nuestros analistas la reunión tenía por propósito determinar el papel que jugará la oposición en la próxima campaña para derrocar a Saddan Husseim.

La segunda fase sería una intervención militar a gran escala parecida a la operación militar Tormenta del Desierto ocurrida en 1991, pero con el objetivo concreto de derrocar al presidente Saddam Hussein. En esta operación se utilizaría todo el poder aéreo estadounidense como eje central de la campaña para limitar el número de bajas y un contingente de unos doscientos cincuenta mil soldados, que por el momento serían fuerzas de los Estados Unidos y Gran Bretaña. Según nuestras primeras evaluaciones, para cumplir con los objetivos políticos y militares de esta fase, los Estados Unidos necesitarán por los menos como orden de batalla unos mil quinientos aviones de combate y de apoyo logístico.

En tierra se precisaría de tres divisiones blindadas cuya arma central son los tanques pesados de la clase M1A1 Abrams que demostró su superioridad frente a los blindados iraquíes en la Guerra del Golfo, un regimiento de caballería blindada liviana, fuerzas aerotransportadas de la 82 y 101 división para tomar por asalto aeropuertos, centros de lanzamientos de los misiles Scud y los yacimientos petroleros para evitar su destrucción por parte de las fuerzas iraquíes, además de tres divisiones de infantería para ocupar las ciudades de Irak que sean tomadas. Como se observa este posible esquema de Orden de Batalla que nuestros analistas han preparado, es mucho mayor que el utilizado en Afganistán pero se debe tomar en consideración que todavía Hussein cuenta con el apoyo de una importante Fuerza Militar representada por la Guardia Republicana, la Guardia Republicana Especial y los servicios de Seguridad Internos que hasta este instante han sido efectivos para neutralizar cualquier intento local para derrocarlo y han aplastado con efectividad las esporádicas rebeliones de los separatistas Kurdos.

De acuerdo a las estimaciones realizadas los efectivos de las actuales fuerzas iraquíes suman unos cuatrocientos veinte mil los soldados de los cuales ciento doce mil están repartidos en las unidades de elite de la Guardia Republicana y Fuerzas Especiales. Sumado a esto, se encuentran las fuerzas paramilitares que pueden ser unos cincuenta mil milicianos que son la última línea de defensa de Saddam Hussein y los responsables de aplicar la guerra de guerrillas y acciones de sabotaje contra los soldados occidentales que invadan Irak.

De igual forma, después de la última derrota de las Fuerzas Armadas de Irak frente a las tropas de los Estados Unidos y Gran Bretaña, Bagdad procedió a reconstruir su ejército, aunque todavía no representa el peligro del pasado, el mismo según la inteligencia militar estadounidense ha adquirido tecnología moderna de la Republica Popular de China que le ha permitido mejorar los sistemas antiaéreos iraquíes y sus comunicaciones militares por fibra óptica. Siendo ahora mucho más efectivos sus sistemas de defensa, que hace diez años.

La tercera fase según nuestra proyección sería la instauración de un gobierno controlado por los líderes del Congreso Nacional Iraqui (CNI) el principal grupo opositor al gobierno de Hussein que tiene su sede en Londres. Los inconvenientes en esta fase en cuanto a su aplicación practica, se presentaría en el aspecto político y militar del Congreso Nacional Iraqui (CNI) que pretende desempeñar un papel similar a la Alianza del Norte con el asesoramiento estadounidense. Esta organización no tiene en estos momentos comandantes capaces de llevar a cabo grandes operaciones estratégicas y carecen de un apoyo significativo dentro de la sociedad iraqui. A pesar de la instauración de la zona de exclusión en el norte de Irak que es patrullada por aviones estadounidenses y británicos, el CNI no ha logrado conformar un ejército y solo dispone de unos cuantos combatientes que en su mayoría son Kurdos. Por estos motivos realizar una operación militar con las características antes planteadas requerirá una mayor participación de tropas de los Estados Unidos, por la debilidad que en estos momento tiene el grupo opositor y por la superioridad de fuego del ejército de Irak.

Si hacemos una comparación con el teatro de operaciones afgano en cuanto a capacidad militar, la Alianza del Norte se podía equiparar a las milicias del Talibàn. Por el contrario el CNI no representa un peligro mayor en las actuales circunstancias para Hussein. Resumiendo los sectores que adversan al gobierno de Bagdad no tienen la capacidad para producir el cambio que tanto ansían sin el compromiso total de la Casa Blanca y el Pentágono.

El otro problema que enfrenta la Administración Bush y que en estos momentos es el principal obstáculo para cambiar el orden político en Irak, es que el Departamento de Estado para esta operación militar no ha logrado conseguir el apoyo diplomático en la región que le garantice que los países árabes respalden esta iniciativa. Por ejemplo Arabia Saudita en la cual se encuentra la base aérea "Príncipe Sultán" que dispone del mas moderno centro de comando, control y comunicaciones que es manejado por militares estadounidenses, ha rechazado las propuesta de Washington para sumarse a la empresa que tiene por objetivo derrocar al régimen de Saddan Hussein.

El rechazo de Arabia Saudita se debe en primer lugar al temor de exacerbar los ánimos de los sectores extremistas islámicos que verían esta acción armada como un ataque contra la religión musulmana y al probable uso de misiles Scud contra objetivos en territorio saudita. Nuestro Gabinete de Análisis para asuntos del Medio Oriente mantiene el criterio de que si Arabia Saudita persiste en su posición contraria a los planes de los Estados Unidos el Pentágono podría utilizar como alternativa las bases que están en Turquía, Kuwait y Omar.

Por el momento en forma oficial los Estados Unidos no ha conseguido el apoyo diplomático y militar de los gobiernos árabes moderados para esta ofensiva. Aunque la tesis de los dos máximos representante del sector de los "Halcones"· el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld es que los dirigentes árabes menos radicales protestarían en público ante la invasión contra Irak, pero apoyarían en privado esta iniciativa por eliminar de la región uno de los principales factores de intranquilidad.

Las posibles acciones que podría emplear Husseim para contrarrestar la campaña militar una vez que esta ocurra, sería como primera arma suspender la producción de petróleo iraqui con el objetivo de provocar una subida del crudo para llevar la situación a una crisis económica. Si bien es cierto que las reservas estratégicas de los Estados Unidos permiten mantener la estabilidad de los precios dentro del marco razonable y el abastecimiento interno por unos nueve meses, no es menos cierto que si estas reservas se agotaran antes de terminar la campaña contra Husseim, esto provocaría una inestabilidad de los precios a nivel mundial.

Tampoco podemos descartar que ante la inminencia de su derrocamiento y el futuro incierto de su gobierno, Saddam Husseim utilice los cuarenta misiles de la clase Scud equipados con ojivas biológicas o químicas de que todavía dispone para atacar las fuerzas militares estadounidenses que se encuentren dentro del radio de acción de estas armas.

Por el momento cualquier intento que planee la administración Bush para derrocar el régimen de Saddam Husseim tendrá que esperar a un mayor consenso entre los países árabes aliados de los Estados Unidos y un mayor grado de avance en la solución del problema palestino-israelí.

Es poco probable que los países árabes mientras no observen una salida negociada al conflicto palestino brinden su consentimiento a una empresa de esta magnitud por los riesgos que encierra y tomando como fundamento que la gran mayoría de estas naciones consideran que cualquier campaña militar contra Irak aumentara en forma paralela las conspiraciones de los grupos extremistas islámicos contra sus gobiernos, provocando un clima de protestas y de conflicto social que agregaría una nueva fuente de inestabilidad para esta convulsionada región, aunque estos razonamientos no serán suficientes para detener los objetivos geopolíticos que la Administración Bush tiene programados en Irak.

CONCLUSIÓN

Primero: Nuestro departamento de Inteligencia Militar es del criterio que el plan trazado por los estrategas del Pentágono pone en práctica las lecciones aprendidas en Afganistán en otro teatro de operaciones que representa objetivos geopolíticos de mayor envergadura para los intereses de Washington en esta zona de importancia estratégica .

Segundo: En estos momentos un golpe de estado contra el gobierno de Saddan Hussein tiene pocas probabilidades de resultar exitoso y una ofensiva utilizando fuerzas de oposición locales no sería suficiente para lograr derrocar al régimen de Bagdad. Por lo que se precisa el compromiso de fuerzas militares extranjeras para precipitar el derrocamiento de este controvertido mandatario.

Tercero: Según la información que hemos analizado, un proyecto para reemplazar el gobierno de Irak que considere la utilización del poderío militar, necesita un orden de batalla de unos doscientos mil efectivos como mínimo desplegados en este teatro de operaciones. Teniendo predominio para alcanzar los objetivos estratégicos, el empleo del poder aéreo en todas las etapa de la campaña militar.

 

 

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