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EL TRAFICO DE ARMAS HACIA COLOMBIA 24 DE MAYO DE 2005 SUMARIO La República de Colombia como parte de su conflicto interno, se ha convertido en el principal consumidor de armas de todo tipo que terminan en manos del crimen organizado, los grupos paramilitares y la insurgencia colombiana. En este negocio participan el crimen organizado en combinación con funcionarios militares y policiales de Centroamérica y Sudamérica, constituyéndose en una de las principales amenazas hemisféricas para esta región. ANTECEDENTES Una de las principales prioridades de todo grupo armado, es la necesidad logística de un número continuo de armas, municiones y explosivos para no perder la capacidad táctica de combatir contra la Fuerza Pública, principal sostenedor del Estado que deseen derrocar los insurgentes. En sus primeras etapas de organización, todo grupo subversivo logra abastecerse de armamento mediante los asaltos a armerías comerciales y armas tomadas de miembros del ejército o la policía dados de baja mediante emboscadas y demás acciones armadas. Una vez que la guerrilla logra crecer cuantitativa y cualitativamente, aumenta su necesidad de material bélico y suele recurrir al mercado negro internacional para suplir sus necesidades logísticas y continuar con su objetivo estratégico que es en la mayoría de los casos, la toma del poder. El caso colombiano no es una excepción a esta regla y la insurgencia busca tanto a nivel de Centro como de Sur América, armamento militar con la intención de derrocar el estado colombiano. Como parte de estas operaciones ilícitas, hemos confirmado dos modalidades para el tráfico de armas: la primera se caracteriza por la obtención de armas de guerra principalmente fusiles de asalto de la clase AK-47, FAL y M-16A-1; este material se encuentra oculto en depósitos en naciones como Nicaragua, El Salvador y Honduras como una herencia de los conflictos internos que azotaron a Centroamérica en la década de los setenta y ochenta. En segundo lugar, la otra modalidad es propiciada por la corrupción de funcionarios públicos como policías, militares o burócratas que tienen acceso a armamento militar y los mismos participan en el delito de proveer ya sea grandes cantidades de armas o traficarlas en un número más pequeño, lo cual es conocido como tráfico de armas hormiga. Tal es el caso del contrabando de 10 mil fusiles AK-47 entre marzo y agosto de 1999 procedentes de Jordania, que fueron negociados por el asesor de Inteligencia peruano, Vladimiro Montesinos; las investigaciones han confirmado que Tomás Medina Caracas, alias el Negro Acacio, comandante del Frente 16 de las FARC, fue el encargado de recibir el material militar y posteriormente distribuirlo a otros frentes. En noviembre de 2001 se registró un nuevo escándalo cuando en la república de Nicaragua, 3,000 fusiles AK-47 de la policía nicaragüense y cinco millones de proyectiles 7.62x39 terminaron en manos de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Para tal transacción se falsificaron órdenes de permuta de la policía panameña, ajena a toda esta transacción ilegal. Las investigaciones auspiciadas por organismos internacionales, señalaron que la policía de Nicaragua actuó con negligencia en esta transacción. Pero nuestras evaluaciones e informes de fuentes confiables, indican que hubo dolo por parte de los oficiales nicaragüenses que autorizaron la entrega de estas armas a los traficantes. Las grandes ganancias de este ilícito, han motivado que hasta asesores militares estadounidenses se conviertan en abastecedores de los grupos irregulares, como es el caso denunciado el 05/05/05, en donde el teniente coronel Alan Norman y el Sargento Jesús Hernández, ambos pertenecientes al ejército estadounidense, fueron arrestados por los organismos de seguridad colombianos, encontrándose en la casa donde se hospedaban 32.900 cartuchos que según las autoridades, iban a ser entregados a grupos paramilitares. Los dos militares estadounidenses trabajaban como instructores de tiro en la base militar de Tolemaida y enfrentan cargos y serán juzgados por tener presuntos vínculos con una red de tráfico de armas. MODUS OPERANDÍ El modus operandi usado para cometer este ilícito, consiste en enviar a un representante de los grupos irregulares colombianos a Honduras, El Salvador, Nicaragua o Panamá en donde dicho representante establece contacto con los traficantes de armas. Para comprar el armamento, la insurgencia suele entregar kilos de cocaína por cada arma que adquiere, con esta forma de pago la guerrilla no se descapitaliza y no tiene que utilizar sus recursos económicos para comprar este tipo de material. Como evidencia de esto, tenemos la operación ejecutada por la Policía de Honduras el 21/03/05 en donde se capturaron a dos personas integrantes de una red de traficantes de armas vinculadas a las Farc. El operativo se hizo en coordinación entre las autoridades hondureñas y la Policía de Colombia. Según las autoridades, los dos hombres de nacionalidad hondureña entregaban a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), armas y explosivos a cambio de drogas. En informes de Inteligencia a los que hemos tenido acceso se ha concluido que por la compra de una ametralladora de fabricación estadounidense de la clase M-60 calibre 7.62x51, los compradores pagan hasta 10 kilos de cocaína de primera calidad y que por un fusil AK-47, se paga hasta un kilo de la droga. PRINCIPALES RUTAS UTILIZADAS POR LOS TRAFICANTES DE ARMAS En esta Estimación de Inteligencia hemos logrado establecer tres rutas usadas para introducir armas y municiones en la República de Colombia. 1- Ruta A: En esta ruta las armas son compradas a los traficantes en Centroamérica, en naciones como Honduras, Nicaragua y El Salvador, el material bélico es transportado por carreteras en camiones y Pick-Up con doble fondo e ingresan a la República de Panamá por la frontera con Costa Rica, en donde la falta de una adecuada Inteligencia policial y aduanera por parte de las autoridades de ambas naciones, se ha convertido en el principal aliado de los traficantes de armas. También la ausencia de vigilancia en estas zonas fronterizas, facilita el tráfico de armas e indocumentados. Una vez en Panamá, las armas son embarcadas en pequeños botes pesqueros y lanchas rápidas con destino a territorio Colombiano, en donde son entregadas a la guerrilla o paramilitares. La información analizada indica que las armas son transportadas hasta esta nación por cuenta y riesgo de los traficantes de armas, una vez llega un representante de los grupos irregulares colombianos, paga la mercancía con drogas para posteriormente trasportarla a Colombia. 2- Ruta B: En este trayecto también la compra de armas se origina en Centroamérica como uno de los principales mercados para obtener armas de guerra, (se calcula que en Centromarica existen dos millones de armas dispersas fundamentalmente fusiles M-16 y AK-47), y la ruta que siguen los cargamentos es por vía marítima, en donde se utilizan los puertos de Catacamas, en Honduras, Eteli y Managua, en Nicaragua. Según nuestras Fuentes son estas ciudades portuarias en donde más se ve movimiento de armas hacia Colombia y en Costa Rica, Los Chiles y Puerto Armuelles en Panamá. Estas armas también ingresan a aguas territoriales panameñas, de donde sale el 50% de las armas que ingresan a Colombia. Estas armas tienen dos rutas una vez salen de las aguas de la provincia panameña del Darién: ingresan a los puertos de Turbo en el departamento de Córdoba en el norte, o entran a Colombia por los departamentos del Choco y Nariño. La última ruta marítima denunciada, por el fiscal general de Honduras, Ramón Ovidio Navarro consiste en que las armas son sacadas de Centroamérica por la isla El Maíz en Nicaragua, de allí pasan a la isla colombiana de San Andrés, para luego ser enviadas dentro del país. 3- Ruta C: Otros países fronterizos como Venezuela, Brasil, Perú y Ecuador, pese a no tener los excedentes de armas que existen en Centroamérica, son igualmente puntos de tránsito y de compraventa. En éstos, las armas son, en algunos casos, adquiridas legalmente, robadas de depósitos oficiales del ejército o compradas a grupos criminales, y luego contrabandeadas a Colombia. Estas armas son compradas para reabastecer a los bloques sur y oriental de las FARC. Según la Inteligencia Militar Colombiana, la mayoría entra por la extensa frontera de Venezuela y Brasil a través de los departamentos de Vichada, Guainía y Vaupés por vía terrestre o fluvial. En el caso del Ecuador se han encontrado lanza cohetes LAW-72 que han sido utilizados en atentados terroristas; tal y como sucedió el 15 de octubre de 2003, contra la vida del ganadero colombiano Jorge Visbal, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos (Fedegán), este fue atacado con un cohete de la clase LAW- M-72 Light Anti-tank Weapon. Esta arma provenía de un lote comprado en 1977 por el ejército del Ecuador a una compañía estadounidense. También se ha encontrado munición y armas fabricadas por la empresa militar venezolana CAVIM y existen fundados temores en las autoridades colombianas y en esta empresa, que munición 7.62x39 próxima a fabricarse en Venezuela para los nuevos fusiles venezolanos AK-103 y 104, termine en manos de los grupos insurgentes. CONCLUSIONES PRIMERO: El tráfico de armas se ha convertido en unos de los principales problemas de Seguridad Nacional tanto en la región centroamericana como para la República de Colombia. Para Centroamérica esta modalidad delictiva representa la asociación de mafias organizadas por nacionales centroamericanos y extranjeros que están intercambiando armas por drogas. En muchos casos las drogas intercambiadas y un número indeterminado de armas, termina en manos de la delincuencia común y de las pandillas como las Mara Salvatrucha y la M-18 de El Salvador y Honduras, contribuyendo este ilícito a socavar la estabilidad regional. SEGUNDO: Se ha determinado que como parte del modus operandi de los traficantes de armas y de los grupos irregulares colombianos, se han establecido enlaces que reciben el armamento en 'oficinas' ubicadas en Nicaragua, Panamá, Honduras y Surinam. Desde estos puntos, los contactos de la guerrilla se encargan de llevar los cargamentos hasta otros sitios en las fronteras de Perú, Venezuela, Ecuador y Brasil para posteriormente introducirlo en territorio colombiano. TERCERO: Por su posición de tránsito, la República de Panamá es un punto vital para los traficantes de armas. Toda vez que por esta nación transita el 50% de las armas con destino a Colombia. La falta de adecuados controles aduaneros en la frontera de Panamá con Costa Rica y una ineficiente capacidad de recolección de información e Inteligencia por parte de los estamentos de seguridad panameños, se ha convertido en el principal aliado de estas organizaciones criminales. Según nuestra estimación, de diez fusiles AK-47 con destino a Colombia los organismos policiales de Panamá solo logran decomisar tres fusiles.
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